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Pedro Gelabert Garrido

Nací en Barcelona en 1935. Crecí apasionándome por los tebeos, gracias a que un tío-abuelo los vendía en una parada del Mercado de San Antonio todos los domingos y a que yo me sentaba en una de las enormes cajas donde los guardaba y leía y leía y leía. Más adelante comencé a interesarme también por las novelas. Salgari, Grey, Verne y algún otro.

Pero, cosas de la vida, me incliné hacia las bellas artes. (Pasados los años, leyendo a grandes autores, he descubierto que escribir puede ser también un arte bello si se escribe bellamente.)

Me matriculé en la Escuela de Artes y Oficios: dibujo, acuarela, témpera, óleo, tierra, etcétera. Fue un tiempo muy enriquecedor, pero breve. Durante el primer curso conocí a quien sería mi mentor durante los siguientes años: Ernesto Trenchard. Me regaló mis primeros libros de ensayo, y quedé prendido: escritores de las generaciones del 98 y del 27. Las primeras prosas que me cautivaron fueron las de Azorín y las de Marañón; y el primer pensamiento, el de Unamuno.

A pesar de mis buenas notas, abandoné mis estudios artísticos, con la pertinente bronca de quienes estaban convencidos de que yo iba para artista famoso, y comencé a devorar cuanto pude; y me parece ahora que desde el principio tuve claro lo que se conoce como “estudio interdisciplinar”. Había que acercarse al estudio de la Biblia desde un conocimiento cada vez más cabal del pensamiento del ser humano: teólogos, pero también filósofos, pedagogos, historiadores, comentaristas, antropólogos, periodistas y más.

Había abandonado la escuela a los doce años y tuve pocas oportunidades de acceder a otros estudios. Soy lo que se conoce como un autodidacta. Aunque tampoco me era posible en aquellos años acceder a estudios superiores en materias bíblicas y teológicas, sí tuve el enorme privilegio de estar al lado de aquel hombre de Dios, mi mentor, que amaba el estudio y del que, además de sus conocimientos bíblicos y teológicos, aprendí a estudiar desde la responsabilidad de conocer lo mejor posible y de primera mano cuantas más cosas mejor.

Han pasado los años y se amontonan en mi cabeza experiencias de distinto calado pero todas emocionantes. Iré compartiéndolas aquí, por si pudieran interesar a mis posibles visitantes.

Hasta las cejas

Reflexiones comprometedoras sobre el compromiso cristiano

En breve